El maíz para bioetanol posee baja sostenibilidad ambiental y las alternativas lignocelulósicas para segunda generación y electricidad son la tendencia actual. Estados Unidos y Europa han empezado con los biocarburantes ya desde hace dos décadas. También Brazil lo hizo con la caña de azúcar. Sin embargo hay claras evidencias científicas que la sostenibilidad del maíz para bioetanol y del aceite de ciertas oleaginosas para biodiesel, no son una gran salida. En México, donde la influencia del socio norteaméricano es crítica para la economía, suelen imitar el modelo estadounidense. Sin embargo el maíz para bioetanol es el cultivo para energía más negativo posible y menos sostenible. Damos aquí pues buenas razones para fomentar la biomasa sólida de residuos y cultivos lignocelulósicos en América Latina.

Maíz, monsanto, méxico y bioenergia

Más de 1 millón de hectáreas del campo mexicano podrían ser liberadas para la siembra de transgénicos. Las trasnacionales Monsanto y Pioneer Hi-Bred International solicitan permisos a la administración federal para la siembra comercial de maíz genéticamente modificado. De aprobarse, en las tierras cultivables de Sinaloa y Tamaulipas germinará el maíz MON 603 que provocó tumores, daños hepatorrenales, envejecimiento prematuro y trastornos en el sistema reproductivo de los roedores alimentados con el producto. La superficie que se planea sembrar es mayor que la de países enteros, como El Salvador, Kuwait o Luxemburgo. Hasta el momento ni las agroempresas ni el gobierno mexicano han especificado cuál será el uso que se le dará a la cosecha, por ahora se inscribe en el dudoso concepto de “biomasa”

hipocresia biocarburantes

Se puede producir electricidad y calor, biogás y combustibles de segunda generación con biomasa sólida que no interfiere con el sistema alimentario.

 

Razones para decir no a la bioenergía de cultivos alimentarios y profundizar en  los lignocelulósicos y sobretodo en perennes fibrosos (herbáceos y leñosos):

 

  • El balance energético del maíz para bioetanol es muy bajo. Por cada litro de etanol, en términos de megajoules de energía contenida en él, se requiere aproximadamente la misma energía o más. Todo depende de la productividad que se tenga en una hectárea de terreno. En zonas marginales, el balance es malo en general. En zonas buenas, es mejor pero así mismo se destina una hectárea de terreno que no produce alto valor agregado ni alimento.

La producción de biomasa sólida está relacionada con la reforestación, con evitar incendios, con dar empleo rural y con generar electricidad y calor o biocombustibles de segunda generación ocupando tierras ociosas sin implicaciones en el sector alimentario.

La producción de biomasa sólida está relacionada con la reforestación, con evitar incendios, con dar empleo rural y con generar electricidad y calor o biocombustibles de segunda generación ocupando tierras ociosas sin implicaciones en el sector alimentario.

  • La huella de carbono de producir etanol a base de maíz,  no es muy buena. Se requiere mucha energía en la conversión de los azúcares y el rendimiento en litros de etanol por tonelada de maíz no es alto en comparación con fertilizantes de origen fósil, el riego y las operaciones agrarias que consumen gasóselo así como el sistema de transporte y todo el proceso en la planta de elaboración del biocarburante. Si el rendimiento del cultivo es alto, puede reemplazar aproximadamente 20 % de las emisiones GEI (gases de efecto de inverandero) que implica normalmente la gasolina. Muchas otras alternativas en cambio, pueden ahorrar mucho más en energía fósil. La bio-electricidad es una de ellas.
  • El rendimiento energético (energía requerida por cantidad de energía producida) es mucho mayor en la producción con lignocelulósicos que usando maíz como materia prima.

    El maíz es un cultivo anual y de hacerse comercial su producción para bioetanol se estaría fomentando muy probablemente el monocultivo, arados sucesivos, altos usos de energía por hectárea (en fertilizantes y en diesel gasoleo utilizado para las labores). La salida son los residuos y los cultivos perennes para biomasa sólida.

En México tiene mucho más sentido usar el Agave para diferentes productos desde etanol, biogás y electricidad hasta todos los cientos de subproductos que ya se conocen en la industria tequilera. Además se usan tierras marginales en muchos casos no aptas para cultivos alimentarios.

En México tiene mucho más sentido usar el Agave para diferentes productos desde etanol, biogás y electricidad hasta todos los cientos de subproductos que ya se conocen en la industria tequilera. Además se usan tierras marginales en muchos casos no aptas para cultivos alimentarios.

  • La vanguardia en bioenergía son los cultivos perennes para biomasa y el uso de residos. Los países con más experiencia en Europa son Suecia, Dinamarca, Holanda, Alemania, Italia e Inglaterra. Aprende sobre los cultivos energéticos aquí.

El maíz mexicano no debe ser reemplazado por ningún otro maíz y menos aún para producir biocarburantes. Ese enfoque está dejándose de lado en muchos países y solo fue promovido por los Estados Unidos quienes están empezando a dejarlo de lado para comenzar con la biomasa sólida lignocelulósica.

  • La biomasa sólida tiene un potencial de ahorro de emisiones simplemente incomparable con el maíz para etanol. Algunos trabajos sobre esto están en nuestro blog en inglés.
  • Un ejemplo claro, es el Agave. Cultivo por excelencia local y con gran potencial para producir biomasa en zonas muy marginales que no compiten con el sector agrario. El Agave tiene viabilidad para producir etanol, biogás, electricidad y muchos productos derivados con aplicación industrial además del tequila por supuesto. 
  • En vez de reemplazar con transgénicos el maíz local (valuarte importante en la cultura mexicana), México debe mejorar las variedad nativas y darles valor agregado. Los productos alimentarios derivados de distintos tipos de maíz del país Azteca, poseen una enorme potencialidad para generar nuevos productos tanto para el mercado local como para el mercado internacional.

 

  • Finalmente es por todo esto, que prooponemos una bioeconomía que promueva reforestar y usar tierras ociosas y no productos alimentarios y mucho menos reemplazar o desplazar aquellos de valor añadido cultural y que forman parte de la dieta de la población.